Mi vida entera cambió desde hace muchos, muchos años en que descubrí que el origen, la verdadera fuente, de todo lo que soy, hago y tengo es Dios. Hoy te lo quería compartir porque todavía recuerdo las cortinas que nos pone nuestro ego para no permitirnos ver la verdadera fuente y hacernos creer que el resultado de lo que vivimos es nuestro propio trabajo, arduo merecimiento, y de verdad hay momentos en que uno se alcanza a creer el que origina un resultado. Miopía egóica.
Déjame que te diga algo hoy desde mi corazón: sentir una nueva conciencia del progreso, saber una nueva conciencia de la prosperidad, significa que en lo más profundo de nuestro ser, aunque estemos en el mismísimo desierto del mayor aprieto, sabemos que cuando la actividad económica baja, incluso cuando recibamos un informe financiero negativo, Dios sigue en su trono. Nuestra fuente no es nuestro trabajo. Nuestra fuente no es la economía ni nuestro sistema o vehículo financiero. Sabemos que nuestra fuente es Dios. ¡Cuando al fin sabes y sientes esto… al fin logras conectar con la abundancia de fuente real!
Este momento en que me encuentro cómodamente sentado escribiéndote y tomándome un exquisito café, siento en mi corazón el gozo de decirte: es momento del favor de Dios.
Aunque para muchos no tenga lógica financiera, con 20 años de vivir como vivo, te digo desde la más íntima experiencia: en verdad no importa qué pase en los mercados bursátiles, no importa cuánto suba el precio de la gasolina… Dios siempre tiene la última palabra. Tu reto es descubrir qué sueles escuchar, las palabras de los noticieros o la de Aquel que tiene la última palabra. Si llegan tiempos difíciles, Dios aún puede bendecirnos en grande.
No sé bien por qué te estoy escribiendo esto, pero siento clarísimamente la orden de hacerlo, y aquí estoy obedeciendo. Siempre me ha sorprendido y emocionado el recibir de una enorme cantidad de mis lectores frases como: “…Dr. Ariza, ¡qué sincronía! Lo que usted ha escrito era exactamente lo que necesitaba escuchar y saber ahora!”. Sí, así recibo comentarios desde hace muchos años en que empecé a escribir. Es otra manifestación evidente de que el que hace que las cosas sucedan y los tiempos perfectos para que sucedan, no somos nosotros, sino la verdadera fuente, Dios. Yo en esto creo. Y me regocijo de creerlo así, ¡de saberlo así!
Sé justo, bondadoso y amable, y todas las cosas esenciales se te darán por añadidura sin que nunca pases dificultad. Solo siempre ten presente la verdadera fuente y cuando la sepas, cuando la sientas, agradece todo el tiempo por la oportunidad que la vida misma representa para alcanzar a descubrir la verdadera fuente.
Recibe un abrazo de mi parte.
¡Emoción por Existir!
-Alejandro ArizA

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