Amado y adorado JESUCRISTO:
¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
Acá en el plano terrenal, nosotros llamamos a tu cumpleaños “Navidad” y todos nos deseamos “Feliz Navidad” en un día como hoy. Bien a bien no sé por qué desde siempre nos hemos felicitado entre todos y casi nadie exclusivamente a Ti, cuando es la celebración de Tu cumpleaños. En fin, son de esas cosas propias de este plano terrenal donde varios humanos se pusieron de acuerdo para crear una tradición y todos hemos caído en ella. Tú bien sabes que acá en la Tierra más bien es un evento meramente comercial donde millones de humanos se sienten obligados a regalarle a los demás y eso emociona mucho por acá, aunque también engendra preocupación y coraje. Pero bueno, ya me estoy distrayendo, yo en lo personal te quise escribir una pequeña carta para Ti en tu cumpleaños, y no importa si es la fecha exacta o no, alguien como tú nunca reparará en esas pequeñeces de sentirte importante o no, reconocido o no, si se te festeja en el día exacto de tu cumpleaños o no. Sé que Tú estarás feliz de que muchos te pensemos y te deseemos lo mejor en Tu día. Por eso, otra vez más, amado Maestro, adorado Amigo, en éste Tú día te deseo seas inmensamente feliz. Sé que Tú mismo eres la felicidad plena, el gozo total, y cuando nosotros los humanos te aceptamos y acogemos en nuestro corazón, tremenda oportunidad que nos das, precisamente nosotros somos los que nos llenamos de gozo y felicidad. ¡Qué bendición que nacieras! Mira nada más… acá en la Tierra, la mismísima historia de la humanidad entera se divide en dos partes, antes y después de tu nacimiento. ¡Así nada más! ¡Tu nacimiento dividió el tiempo entero! ¡Dios! Qué dicha que nacieras. ¡Qué gloria! ¡Cuánta paz trajiste al mundo para quien escuchó tu mensaje! ¡Cuán fuerte fue desde siempre tu breve y claro mensaje de, paradójicamente, solo 4 letras: AMOR! Esa fue tu misión de vida, ese fue, es y seguirá siendo Tu legado, esa es tu perenne invitación para cada uno de nosotros: “Ámense los unos a los otros”. Y cuando uno se pregunta como cuánto hay que amar, viene la segunda parte de Tu frase: “Como Yo los he amado”. ¡Caray! Aquí entre nos maestro Jesucristo, el paquete es muy grande y te he de confesar que, incluso para los que nos sentimos como un poquito más preparados en estos temas, nos pones la referencia muy alta. En fin, ahí la llevamos y sé que una gran fuente de tu alegría es que por lo menos hagamos el intento. Y mira que gran prueba nos pones para vivirlo precisamente hoy, donde se empalman dos eventos, el festejo de tu cumpleaños y la presión comercial-social de convivencia para la cena de hoy. Bueno, también he aprendido que eso te encanta, ponernos a prueba para que el resultado engendre la Luz del logro por merecimiento, por sobreponernos, por intentar amar a pesar de lo que sea.
Oye, no me quiero imaginar qué se sentirá que en tu cumpleaños, no recibas ni un regalo y solo veas cómo todos los que “vienen” al festejo no más se regalan entre ellos y nadie se acerca a regalarte a Ti. ¡Wow! Me imagino que a mí me lo hicieran el día de mi cumpleaños y hasta lo sentiría como burla. ¿Por qué será así contigo? Quizá porque en estos dos festejos que se empalman, uno resultó ser mucho más promovido que el otro, se ha promovido más la compra de regalos y lo forzoso de un encuentro familiar para darlos, incluso a quien no nos inspira para ello pero que por convencionalismo social terminamos regalándole (hasta por paz acá en el plano terrenal), que el mega evento de tu cumpleaños. Y Tú, calladito. ¡Como siempre lo haces cuando no hay nada que decir! ¡Otro enorme tamaño de tu infinita misericordia! ¡Caray Jesucristo! ¡ERES GRANDE! Eres lo más grande. ¡Por eso aguantas tanto! E incluso, ni aguantas porque no tienes nada que aguantar, más bien nos entiendes tanto, pero tanto, que por eso sólo nos miras con infinita misericordia y hasta haz de gozar el cómo nos regalamos cosas entre nosotros acá en el plano terrenal. ¿Verdad que también lo gozas? Sí.
Jesucristo: “Sí Alejandro. Efectivamente. Sí lo gozo también. Todo lo que hagan unos para con otros en el día de mi cumpleaños, me lo hacen a mí. ¿No recuerdas que ya se los había dicho y en las sagradas escrituras uno de mis escribas lo apuntó? “Lo que hagas incluso al más pequeño de mis hijos, me lo estarán haciendo a mí”. Pues hoy pasa lo mismo Alejandro. Y también no sabes cómo me alegra que te atrevieras a escribirme una carta, mira que hasta me he metido en tu pensamiento y en tu corazón para invitarte a transcribirme”.
Alejandro: “¡Wow! Este tipo de diálogos ya los habíamos empezado hace algunos años y por algo lo solté.
Jesucristo: “Sí, lo sé, fue una lástima que lo soltaras, pero no del todo, mira una continuación aquí”.
Alejandro: “Estoy emocionado”
Jesucristo: “Me alegra mucho, y más en un día como hoy”
Alejandro: “No sé bien qué decir ahora mismo”
Jesucristo: “Con lo que me has dicho es más que suficiente, me has felicitado por mi cumpleaños y no te imaginas lo feliz que me has hecho, al igual que cientos de miles que poco a poco hacen más conciencia de esto y que también, de alguna forma y con su muy particular manera, también me festejan. Nadie lo hace mejor que nadie, todos siento que tienen su manera”.
Alejandro: “Sí ¿verdad? Pues amado Jesucristo, de todo corazón: ¡Muchas felicidades! Yo no sé qué hubiera sido del mundo si no hubieras nacido. Toda tu vida es el eje central de la historia misma de la humanidad para como lo percibimos millones de humanos. Eres la referencia. Eres el ejemplo y como decimos acá en este plano, ni sé qué regalarte si ya lo debes tener todo, y en tu caso esto aplica literalmente”.
Jesucristo: “Ja, ja. Bueno, así como lo estás “pintando”, pues hay algo de eso. Pero sí me pueden dar regalos, quizá el mejor, el que me den la oportunidad de atestiguar su transformación y el que me den la dicha de observar su evolución, el que me den la gloria de seguir mis recomendaciones y pueda ver cómo se perdonan, cómo se aman, cómo conviven con sinceridad y pureza, cómo incrementan su tolerancia y aceptación para entender la vida de sus hermanos, que me den la dicha de ver que mi nacimiento haya tenido sentido al ver el comportamiento de cada uno de ustedes, que me den el jolgorio de cada día verlos más felices y contentos entre ustedes. Eso es lo que más goza un padre. No hay nada más dichoso para un padre que el poder ver y atestiguar cómo se aman sus hijos entre sí. Y si cada uno de ustedes, poco a poco, logran ir descubriendo que ese el único sentido de todo, entonces, ahí Alejandro, me estarán dando el mejor regalo que le pueden dar a un Padre, porque eso fue mi misión en la Tierra, ayudarles a que se acercaran a nuestro Padre, con quien Soy Uno Mismo, y juntos festejar cuando ustedes se aman”.
Alejandro: “Estoy en shock. No sé que decir”.
Jesucristo: “Como ya te lo había dicho alguna vez, entonces no digas nada. Goza. Sé que estás tocado por estas palabras y sé que, gracias a obedecer el impulso que te envié, muchos otros también se sentirán tocados aquí, y ese será un gran regalo para mí. A ti que me estas leyendo aquí, en las letras que le dicto a Alejandro, te digo: “Eres bendecido y muy feliz me haces con cada gesto de amor auténtico que realizas por tus hermanos. Todos tus más grandes problemas ya han sido resueltos, tan solo si decides escucharme y aceptar mis sugerencias. Hoy sé muy feliz, hoy estoy muy cerca de todos ustedes. Hoy y siempre, pero nunca dejará de alegrarme cómo intentan regocijarse entre ustedes en esta fecha y si lo logran, ese es el mejor regalo que me pueden dar. Están benditos”.
Alejandro: “¡Gracias Dios! ¡Gracias Maestro Jesús! ¡Cuánto te quiero! ¡Cuánto deseo parecerme a ti! ¡Cuánto quisiera que más y más personas se alegraran al ver el reflejo de tu rostro en mis acciones! Soy débil y muchas veces fallo, pero quiero que sepas que siempre lo intento”.
Jesucristo: “Y lo haces bien. Pronto mejorarás más. Pero lo que has hecho, me alegra, y estoy contigo, así como en quien lo desee. Yo siempre estoy disponible para cada uno de mis hermanos, y tan cerca como ustedes están de su corazón”.
Alejandro: “¡Feliz cumpleaños Jesús!”
Jesucristo: “Gracias una vez más. Ve conmigo a tu casa y llévame en tu corazón. El entusiasmo es clave en este día. Estoy con ustedes… siempre”.
Alejandro: “Te amo”.
Jesucristo: “Y yo a ti, a todos ustedes, en forma infinita”.
Alejandro: “Qué bueno que no se acabó el mundo y aquí estoy felicitándote”.
Jesucristo: “Ni se acabará, hasta que Yo lo diga. Bendiciones para todos. Me hacen muy feliz. Fesjeten”.
Alejandro: “Todavía siento raro publicar este diálogo que sentí dentro mío”
Jesucristo: “Ayer te preparé con un mensaje que te envié cuando te senté en tu sala a escuchar a uno de mis predicadores”.
Alejandro: “Aquel donde citaba las escrituras diciendo: “Aquel que tenga vergüenza de hablar de mí frente a los demás, Yo sentiré vergüenza de hablar de él frente a mi Padre?”.
Jesucristo: “Me alegra que lo recuerdes perfecto. Otro motivo de festejo para hoy”.
Alejandro: “No pues si ahora mismo me brincó la frase… precisamente aquí y ahora. Me queda clarito”.
Jesucristo: “Estas haciendo caso a los mensajes. Me alegro mucho. Pronto te pondré a hablar mucho más de nosotros. De estos diálogos. Ten toda tu disposición. Tendrás mucho trabajo al respecto pronto”.
Alejandro: “Lo que Tú digas. ¡Se publica!”.
Feliz Navidad a todos.
-Alejandro ArizA.
PD: No sé tú, pero yo siento tanta paz cuando habla el Maestro, que no me queda duda de que se me apareció hoy aquí. De hecho, sigo sintiendo dentro de mí cómo quiere decirnos algo más aprovechando esta carta hoy:
«Qué la paz sea con ustedes».
¡Así sea!

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