Cada día estoy más y más consciente de la enorme velocidad con que se me está pasando el tiempo. O va exageradamente rápido o esta etapa de la vida está intentando revelar a algunos con fuerte evidencia que efectivamente el tiempo no existe, como ya lo venían advirtiendo ciertas teorías. A momentos me parece como si esta etapa de la evolución de conciencia humana nos quisiera manifestar eso.
No sé tú, pero a últimas fechas, yo cada día que despierto siento esa sensación como de si acabara de vivir la misma previa (cuando me estaba despertando ayer) apenas sucedida hace breves momentos. ¿Dónde quedó el día de ayer? Y eso siento preguntarme diario.
Tengo una edad de adulto y en mi interior sigo con actitud de los 20’s, aunque en una variante harto mejor, una etapa como de vivir en los 20’s pero con poder y libertad plena. Sé que mucha de esta sensación es consecuencia de las elecciones y decisiones que he tomado para crear mi estilo de vida, pero aun así, aun con con mi optimismo, siento ya tan cerca la muerte, vamos, digamos la «trascendencia a la siguiente experiencia» para que no se oiga tan dramático y de hecho sea más real.
¡Qué corta es la vida! Y siento que es perfectamente corta por la cortísima duración de cada una de sus clásicas etapas. A la edad que tengo hoy, ya diario se me aparece la idea que pronto me iré de esta experiencia de ser humano. Quizá de aquí venga el cuánto gozo, deliberadamente, cada instante de mi vida, hasta mis angustias y preocupaciones las alcanzo paradójicamente a disfrutar, quizá por saber que, para como va el tiempo, pasarán pronto.
A momentos, momentos de posible locura conciente, veo tan absurdo «hacer planes» para el futuro. Cómo nos engañamos como humanos pensando en el próximo verano o invierno cuando más que nada hoy siento esos ejemplos como meras estrategias publicitarias de venta de artículos o servicios para esas épocas. Pero todo el tiempo es lo mismo, el estar envueltos en la mera idea que hemos inventado del tiempo. Pero quizá mientras más despierto estés descubras que no hay tal.
A todas las demandas del ego: el éxito, la fama, el poder, el dinero, el control, etc., se les desvanece su importancia y se lea decolora su atractivo con cada avance en conciencia del poco tiempo que nos queda, o del poco tiempo que hay o por descubrir que ni hay. ¡Ah, qué cosas! Pareciera que lo único que me –nos– queda es disfrutar del «eterno presente con su caducidad de conciencia». Tal parece que no me –nos– queda mas que entretenernos con la idea de que hay tiempo. Mientras, ya me voy a desayunar, otra vez. Igualito que hace tan sólo lo que siento brevísimos instantes.
Es sabido –o creído– que cuando no tienes nada que hacer se te pasa el tiempo más lentamente y hasta aburrido. Pues yo ya intenté deliberadamente quedarme sin hacer nada por largos ratos y hasta días, incluso por lo mismo viendo cómo se me vienen problemas encima, y a mí aun así se me pasa tan rápido el tiempo. Ahora no te quiero decir cómo se me pasa cuando elijo hacer y producir y estudiar todo lo que me gusta.
¡Ah! La vida es un instante. No más por eso, disfrútalo, incluso en tus momentos de angustia. Van a pasar. O incluso quizá mejor dicho: vas a pasar.
Vamos –dijo el otro.
Mientras… minuto a minuto descubro que lo único que vale la pena son esos brevísimos momentos donde amas o ayudas a alguien. A momentos me parece que perdemos el tiempo, del poquísimo que hay, haciendo cualquier otra cosa.
Ahora sí ya me voy a desayunar porque no sé si por la falta de micronutrientes es que acabo de escribir esto.
¡Vivo con entusiasmo!

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