Hay alguien aprendiendo a ser como tú.

Tienes una enorme responsabilidad y quizá no te has dado cuenta.
Tu conducta va a inspirar a alguien. Alguien que te imitará. De ahí la importancia de que te detengas a pensar en la implicación. Nadie te pidió que fueras maestro y muy posiblemente ni tú estás interesado en ello. Y, sin embargo, todo el tiempo estás enseñando. Es como dar educación secreta. Enseñas incluso cuando crees que nadie te mira.
Existe un fenómeno humano tan antiguo como nuestra propia especie, pero al mismo tiempo, tan cotidiano que casi nunca lo advertimos. Lo vemos en los niños cuando están en la etapa de «ecolalia», esa repetición automática de palabras o frases que otra persona acaba de decir.
La mamá dice:
—Ay caray, cómo está llueve y llueve.
De repente, su pequeña niña, atrás, dice con su aguda y simpática voz casi al instante siguiente:
—Ay caray, cómo está llueve y llueve.
Más adelante, los niños juegan a ser lo que ven, médicos, maestros o superhéroes. Y esto no para. Lo vemos luego en los adolescentes cuando adoptan el lenguaje, la ropa o las ideas de quienes admiran. Y no para. Lo vemos luego en el comportamiento adulto dentro de las empresas, en las familias, en las parejas, en la política y hasta en las redes sociales.
Mimetismo.
Es una palabra derivada del griego (mimētes): imitador, y el sufijo «–ismo»: tendencia, actitud, modo de actuar. Etimológicamente, ya nos lo dice todo: Tendencia a imitar. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra como «Propiedad que poseen algunos animales y plantas de asemejarse a otros seres de su entorno». En biología es una estrategia de supervivencia. En la vida humana, es más una estrategia de aprendizaje. Desde niños nos parecemos, sin querer, a quienes nos impactan, ya sea por temor o amor.
Los humanos tenemos esta tendencia profunda a reproducir la conducta de una figura que, por alguna razón, ocupa un lugar de autoridad. Imitamos inconscientemente a quien admiramos, a quien tiene influencia. Por la trascendencia, es que dedico tanto tiempo cuando lo que explico en mi curso de «Ser líder»: Los líderes tienen mimetismo.
A quién dedico este tema
Pues ya te imaginarás.
Padres, madres, maestros, terapeutas, médicos, conferenciantes, jefes… a cualquier persona que ocupe un puesto de liderazgo, formal o no. Consciente o no. Incluso lo dedico a cualquier persona que alguna vez haya pensado que nadie lo está viendo… porque casi siempre alguien nos está mirando; solo no nos damos cuenta.
Es decir, dedico esto prácticamente a todo el mundo. Como decía una maestra y colega muy querida que tuve: «Todos somos maestros». Sí. Todos. Te guste o no.
Promesa
Si llegas al final de mi artículo, quizá descubras que tu influencia es mucho mayor de lo que imaginas. Mucho.
Entenderás que ciertas conductas de las personas que amas no nacieron de lo que les dijiste, sino de lo que te vieron hacer. Como dijo Ralph Waldo Emerson:
«Lo que haces habla tan fuerte que no puedo oír lo que dices».
Quizá por eso la educación más profunda no ocurre cuando hablamos, sino cuando vivimos.
Me interesa que al final de esta lectura, quizá, también decidas convertirte en una autoridad más consciente, sabiendo que puedes dejar huellas en los demás incluso durante esos momentos en los que crees que nadie presta atención.
Y por todo esto, te compartiré tres características del mimetismo humano que he analizado a lo largo de los años como acusioso observador de la conducta humana. Tres características que podrán sorprenderte. Te ayudarán mucho. Así mismo, te compartiré un video breve, pero muy impresionante. Vamos…
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