Las historias que te cuentan y las que te cuentas.


Hace rato revisaba mis apuntes y me encontré con una frase que bien puede explicarlo todo:

“Nuestro diálogo interno, y el estilo explicativo que solemos adoptar, determina en gran medida cómo experimentamos la vida”.
—Elsa Punset

En estos días en que se está sucediendo la fiesta deportiva del Mundial, y al mismo tiempo en mi país, México, también se habla de trifulcas, manifestaciones, conflictos y desacuerdos, basta con entrar a la clásica red social del conflicto, X, para observarlo.

Entonces, ¿cómo experimentamos la vida?

Pues dependiendo de en qué te enfoques. Dependiendo de lo que decides permitir que entre a tu mente. Dependiendo de cuáles son tus fuentes habituales de información.

Porque la realidad —muy interesante y reveladora, por cierto— es que todo está ocurriendo al mismo tiempo. Hay personas enamorándose y personas separándose. Hay quienes reciben una excelente noticia médica y quienes reciben una mala. En este momento hay nacimientos y funerales. Hay actos de generosidad extraordinaria y conductas miserables. Hay gente comenzando proyectos y gente renunciando a ellos.

Todo ocurre simultáneamente.

La pregunta importante no es qué está pasando en el mundo.

La pregunta importante es: ¿a qué parte del mundo estás prestando atención?

Con frecuencia escucho personas que afirman que el mundo está cada vez peor. Cuando les pregunto cómo lo saben, descubro que pasan varias horas al día consumiendo noticias alarmantes, discusiones políticas con amigos y familiares, viendo videos de indignación y publicaciones diseñadas para provocar enojo, como en las que se especializa la red social «X».

Sería extraño que después de semejante dieta emocional se sintieran optimistas.

Si una persona desayuna, come y cena conflicto, terminará experimentando el mundo como dolorosa indigestión por lugar hostil.

Pero eso no significa que el mundo sea únicamente eso. Significa que esa es la parte del mundo que ha decidido observar. De hecho, en este momento viene a mi mente un libro extraordinario, casi contracultural, que te recomiendo ampliamente: Factfulness, de Hans Rosling. La tesis central de ese libro es, para muchos, provocadora: El mundo tiene problemas serios, pero en muchos aspectos importantes está mucho, mucho mejor de lo que la mayoría de las personas cree. De esos libros que callan muchas bocas con el poder de la estadística mostrada. Ese libro a mí me ayudó mucho.

Ahora bien, no estoy sugiriendo vivir desinformados o ser un optimista ingenuo. No propongo ignorar los problemas. Lo que sugiero es recordar que nuestra atención es un recurso limitado y valioso.

Y algo más importante: aquello que recibe nuestra atención termina influyendo en nuestra experiencia cotidiana. Esto lo he vivido varias veces en carne propia, para bien y para mal. Sé de lo que hablo.

Bajo esta línea de pensamiento, quiero compartirte tres recomendaciones sencillas pero poderosas y de aplicación inmediata. Claro que no cambiarán al mundo, pero sí pueden cambiar significativamente la manera en que experimentas tu vida:

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