Un comentario antes de la lectura.

(Esta reflexión fue publicada originalmente en otro de mis blogs. A partir de ahora he decidido concentrar mis publicaciones en mi sitio, por lo que algunas de las entradas que más aprecio desfilarán también por aquí. Si aún no la has leído, me alegra que esta sea la oportunidad de compartirla contigo).

En la semana vi ganar a México en otro partido de este Mundial. No solo ganó. Convenció. No soy ningún aficionado del futbol, pero cuando juega México y se trata del máximo torneo, decido apreciarlo. Vi un equipo mexicano realmente unido. Vi un verdadero equipo. Tres goles de esos que obligan a levantarse del sillón, a gritar, a abrazar a quien esté cerca.

Luego, buscando sostener la emoción, cambié de canal todavía con la sonrisa puesta y entonces escuché al comentarista deportivo, el exfutbolista, Luis García, decir una frase que, sospecho, sobrevivirá mucho más que ese partido. Me cimbró. Se me erizó la piel como en cada gol. Fue sublime cuando dijo:

«Están pasando cosas en exceso buenas».

Me encantó. Me fascinó.

Porque vivimos tan acostumbrados a desconfiar que, cuando la realidad comienza a regalarnos buenas noticias, sentimos la necesidad de frenarlas. “No cantes victoria”. “Ya verás cómo nos decepcionan”. “Pues… a ver”.

Nos cuesta aceptar que, a veces, sí llegan temporadas luminosas.

Y aquí, ya no hablo solo del futbol.

México lleva demasiado tiempo entrenado para mirar primero la herida que la cicatriz. La habituación de encontrar el problema antes que la posibilidad. La inercia de comentar el fracaso con más entusiasmo que el acierto.

Quizá por eso esa frase me pareció casi poética, para enmarcarla:

“Están pasando cosas en exceso buenas”.—Luis García.

Ojalá algún día la pronunciemos no solo después de un partido, sino al mirar nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra salud, nuestra colonia… nuestro país.

Y aunque cada vez sucedieran más y más cosas buenas, en exceso, nunca acostumbrarse, siempre apreciarse.

La gratitud tiene un extraño poder: cuando reconoce las cosas buenas, parece invitar a que lleguen más.

No sé cuánto durará este buen momento futbolístico. Tal vez mucho. Pero este momento, mantenido por horas, millones de mexicanos sonrieron al mismo tiempo. Y eso, en un país tan necesitado de motivos para sonreír, ya es una victoria.

Así que, por hoy, dejemos descansar al pesimismo y a la indiferencia.

Porque, sí…

¡Están pasando cosas en exceso buenas!

¡Emoción por entender!

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Alejandro Ariza Z.

Conferenciante inspiracional, autor y médico psicoterapeuta.


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