Solo te sientes bien cuando haces lo que sabes que debes hacer.

Hombre de cabello castaño, vistiendo una camisa de botones y una corbata con rayas, sentado en un escritorio y escribiendo en una hoja amarilla con un bolígrafo, mientras mira hacia abajo. Detrás de él hay estantes con libros y diplomas en la pared.

Si te ha pasado que, de repente, como que tu razón de vivir se desdibuja, tu propósito existencial se empieza a desvanecer o comienzas a dejarlo de percibir claramente o, incluso, desaparece… mis letras de hoy quizá te puedan servir.

Te adelanto: ¡cuánto disfruto el servicio de “Readwise”! Si me has leído, varias veces te he recomendado esta manera de “recordar” lo que subrayas en tus libros digitales. Otra enorme ventaja de la lectura digital. La plataforma “Readwise” te permite conectar tu cuenta de Kindle o Apple Books y muchas otras fuentes de lectura para programar la cantidad de frases que hayas subrayado y que deseas que te envíe a tu correo y la frecuencia semanal. Sinceramente, es una ayuda muy valiosa para recordar. Y ahora, de un tiempo acá, también tiene un servicio sabatino donde su IA busca frases que subrayaste relacionadas con un tema determinado y te las envía. ¡Una maravilla! El sábado pasado, me llegaron frases específicas relacionadas con el confrontante tema: “Viviendo con propósito”.

Me hizo pensar —y sentir— mucho.

«Vivir con un propósito es el camino de la paz». —Rick Warren.

Esa frase, para abrir boca.

Sin duda, uno anda “pensando lo que no” cuando no tiene nada que hacer. Es famoso aquel dicho de que la ociosidad es la madre de todos los vicios. ¡Tan cierto! Por eso, cuando sientes que tienes algo que hacer y lo percibes como imperioso e importante, generándose ese tipo de actividades que le dan sentido a tu quehacer, tu mente se queda absorta en el proceso y no da cabida a los malos pensamientos. Por eso una vida con propósito es el camino de la paz.

«Ser consciente de tus valores y prioridades, de aquello que es importante para ti, y construir tu día a día en torno a ello es una de las bases de una vida satisfactoria». —Elsa Punset.

¿Cómo saber que estás haciendo lo correcto y cómo sentir la satisfacción de saber que lo estás haciendo? Únicamente si se alinean tus actividades en obediencia a tus valores y prioridades.

¿Qué reto hay aquí?

Saber muy claramente tus valores y prioridades.

Esa claridad no es común, a decir verdad. Detenerte a pensar en tu escala de valores requiere detenerte a pensar. ¿Ya viste por dónde va la dificultad para muchos? ¡Detenerse a pensar! Es casi un absurdo para muchos. Esos que eligen una gran actividad para anestesiarse. Sí, existe la actividad diseñada para no darse el tiempo para pensar en lo verdaderamente importante. En varias de mis conferencias y publicaciones expliqué más de una vez lo que significa “pereza activa”. Esa frenética actividad que elegimos porque nos da pereza hacer lo que verdaderamente deberíamos hacer. Aunque en la reflexión de hoy, no va de la pereza, sino de la responsabilidad. Hoy nace un nuevo término que invento: “Irresponsabilidad activa”. Te llenas de actividades para no tener tiempo de hacer lo que es tu verdadera responsabilidad.

Cuando sabes lo que tienes que hacer, pero te duele hacerlo, mejor te pones a hacer otras cosas. Muchas otras. Se trata de la estratagema para que no encuentres el tiempo de hacer lo que debes. Un mecanismo de defensa clásico: la evasión.

Pero cuando evadimos, vivimos permanentemente en la zozobra, no vivimos con satisfacción, vivimos cansados. El cansancio de hacer mucho de lo que no debemos hacer. ¿Ya viste el tamaño del absurdo? Mucho y de lo que no es necesario, pero que parece que nos cae bien para no permitirnos hacer lo que realmente debemos, pero que nos duele. La evasión, vista con buenos ojos —los ojos del psicoterapeuta—, suele ser un mecanismo adaptativo para soportar la vida…, erróneamente. Porque en vez de soportarla, podríamos aligerarla deteniéndonos a pensar en tus valores más auténticos y en tus verdaderas prioridades, cambiando la narrativa que nos contamos, para actuar en consecuencia. Ahí conectas con tu propósito. Y en la acción consecuente surge satisfacción plena.

«…profunda satisfacción de estar a cargo de tu propia vida». —Marianne Williamson.

Nadie te va a salvar.

Eres el héroe de ti mismo. El único superhéroe para ti.

Descubrir esto es fuerte.

Muy fuerte.

En momentos de dificultad, nos encanta que alguien venga a ayudarnos. En su momento fue mamá o papá, luego el que no falla, Dios; o buscamos a la pareja idealizada, o al terapeuta, al amigo inteligente, a la amiga empática, el familiar rico, etc. Hasta el pan (¿no dicen que “las penas con pan son buenas”?). Sin embargo, madurar, ir creciendo, nos va confrontando con nuestras propias capacidades y recursos y nos desafía a usarlos. ¡Para eso los tenemos! Papá muere. Mamá muere. Y cuando llegas a esa etapa de la vida, ya no puedes ver hacia arriba para buscar ayuda. Ya no hay nadie. Parece que ellos duraron para cuidarnos y entrenarnos, pero siempre llega ese momento. Si lo has vivido, ya sabes a qué me refiero. Recuerdo haber escuchado alguna vez una frase que me cimbró: “Te conviertes en adulto solo hasta que tu mamá muere, no antes”.

Solo hasta que te responsabilizas tú solo de tu propia vida, empiezas a sentir la satisfacción de estar a cargo de tu existencia. Al principio pesa. Poco, paradójicamente, tiempo después, libera.

Somos diseñadores de nuestra propia vida, por lo menos en este plano terrenal. Somos los únicos. Y el peso de esto es tan grande sobre nuestros hombros que por eso metemos a Dios. ¡Una bendición de ser creyente! ¿Recuerdas Mateo 11:28? “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso”.

Gracias a Dios… lo tenemos a Él. Y Él se las ingenia para enviarnos a quien nos ayude. Porque por más autonomía que procuremos, solo logramos hacernos y construirnos en una relación.

«Conocer tu propósito simplifica tu vida. Esto define lo que haces o lo que dejas de hacer». —Rick Warren.

Cuando no sabes qué hacer, es que no tienes clara la jerarquía de tus valores. ¡Ese es el poder de esta claridad! En la amplia introducción de mi libro Siempre hay otra opción hablo concienzudamente del tema.

¿Cuándo decir “no”? Cuando sabes perfectamente que eso a lo que se te invita no está relacionado con tu propósito.

¿Cuándo decir “sí”? Cuando sabes perfectamente que eso a lo que se te invita está alineado con tu propósito.

Así de fácil.

Por eso, cuando te dices “Ay… es que no sé qué hacer”, descubre lo que está pasando: en ese momento no tienes claro tu propósito, no tienes claridad en tus valores y en su jerarquía.

Decir no es fácil cuando sabes lo que es verdaderamente tu propósito en la vida, para lo que viniste a hacer. La claridad de propósito simplifica tus decisiones. Decides más fácil y con mayor paz. Por eso es tan buen negocio detenerte a pensar en lo que es verdaderamente importante para ti, en tu propósito, en tu razón existencial.

«Las cosas de este mundo son santas o profanas según el propósito que la mente les atribuye». —Marianne Williamson.

No tengo mucho más que agregar para esa frase de Marianne Williamson que subrayé en su peculiar libro “A course in weight loss”.

Espero que hoy, al haber decidido compartirte mis reflexiones basadas en cinco frases que subrayé en ciertos momentos de mis pasados años, redescubriendo el poder de estas frases hoy gracias a los sistemas que aprovecho, hayan resonado también en ti.

A mí me llegaron en un momento especial. Un momento donde necesitaba reencontrarme con mi propósito. Incluso, por ello he reiniciado mi trabajo divulgativo en mi canal de YouTube. Espero que lo disfrutes. Date una vuelta a verlo.

Te advierto que, por más sólido que sientas tu propósito, tu razón de ser, algo puede suceder en el camino y puedes dejar de tenerlo claro. Es parte de lo posible, y más en estos días donde la distracción está tan a la mano. Ahí, remonta en importancia el detenerte a recordar.

Incluso, nos ayudan a recordar desde allá arriba. En esto creo. No deja de sorprenderme el hecho de que una IA eligiera, “al azar”, un tema para enviarme un correo en momentos así.

Sí, querida lectora, sí, querido lector, hay satisfacción en cumplir con tu propósito. Te comparto algo: cuando el sábado pasado recibí el correo con mis frases subrayadas, de inmediato sentí el impulso y pensé: “Tengo que escribir un artículo compartiendo mis reflexiones con estas frases”. Y no sentía paz durante todo el tiempo que pasaba hasta ahora que me obligué a sentarme a escribir. Mientras… estaba haciendo “otras cosas”… esas que me distraían de este propósito. No sabes la paz y la satisfacción que siento de que ya lo hice. ¡Te escribí! ¿Te acuerdas que alguna vez te platiqué de “el placer del ya quedó”? Pues eso es, precisamente.

Espero que hayas disfrutado de la lectura tanto como yo de la escritura.

¡Emoción por entender!

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Alejandro Ariza Z.

| Médico psicoterapeuta, autor y conferenciante inspiracional.


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